Alan Schlenker lleva 13 años detenido con dos condenas firmes: los crímenes de Gonzalo Acro, ocurrido en el barrio porteño de Villa Urquiza el 7 de agosto de 2007, y Mario Alfredo Sanzi, un dealer que fue asesinado en Munro el 11 de mayo de 2001. Desde el kilómetro cero de la primera causa judicial, el exjefe de la barrabrava de River no solo sostiene que es inocente sino que además es víctima de una causa armada por el poder político que manejaba el club por esos años.
Desde el penal federal de Rawson, donde cumple una condena unificada a prisión perpetua, cuenta a PERFIL sobre el respaldo internacional que recientemente recibió de la reconocida Fundación Jeffrey Deskovic, que ya logró liberar a más de una docena de personas condenadas injustamente y promover reformas legales en los Estados Unidos.“Soy el primer caso que Jeffrey toma en el exterior. Ellos leyeron la causa, les pareció un bochorno y presentaron algo con rigor científico, que es muy difícil de hacer”, explica Schlenker.
El planteo, presentado recientemente por su abogado defensor Fabián Camaño, cuestiona la solidez de la causa Sanzi en la que su cliente fue condenado a 12 años de prisión únicamente por la declaración de una testigo que lo identificó diez años después del crimen, tras verlo en televisión por otro caso no relacionado, y cuya percepción estuvo influenciada por terceros.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El escrito destaca que la especialista Deah Quinlivan, experta en psicología del testimonio citada por la Corte Suprema de Estados Unidos, detectó serias falencias en la identificación: condiciones de escasa iluminación, un tiempo muy breve de observación y la fijación visual en el arma. Con estos argumentos, exige que adopte estándares internacionales como el caso Henderson v. New Jersey, incorpore los avances científicos en la evaluación de testimonios y promueva una reforma en los procedimientos de identificación de sospechosos, con el objetivo de prevenir errores irreparables.
En diálogo con este diario, el abogado cuestionó los criterios de valoración utilizados en la sentencia: “El tribunal que lo condena dice que es creíble el testimonio de la prima de Sanzi porque se mostró segura. Dijeron que también era creíble porque se mostraba indignada cuando cuestionaban la veracidad de sus dichos. Estos criterios son subjetivos del tribunal que no tienen nada que ver con la objetividad que debe tener una prueba para servir de base en la condena”.
Sobre las condiciones del hecho, detalló: “El homicidio de Sanzi acontece en un lugar con poca o nula iluminación”. Y advirtió que “el solo hecho de que alguien sea víctima de una persona que le pone un arma en el rostro genera un comportamiento inconsciente del cerebro y de la memoria”. Según explicó, “es imposible que alguien simultáneamente pueda ver el arma y el rostro. Y esta testigo tiene un agravante más importante: describe después el arma de manera meticulosa e inclusive dice que el arma tenía un silenciador. Ergo, es imposible considerar que el reconocimiento del rostro sea real”.
Otro punto clave es el paso del tiempo: “Sanzi reconoce a Alan como autor del crimen diez años después de que acontece el crimen. El crimen acontece en mayo del año 2001, y Sanzi lo reconoce de verlo en un programa de televisión en el año 2011. Esta situación de que alguien recupere la memoria es muy dudosa”.
En el extenso reclamo, la defensa de Schlenker pide que se declare la nulidad haciendo foco en el valor que se le otorgó a las declaraciones de testigos y remarcando que la resolución judicial pasó por alto los principios de la psicología del testimonio, una herramienta central en la valoración de la prueba testimonial.
“El fallo debe ser declarado nulo porque se ha apartado groseramente de la correcta valoración de la prueba”, plantea el escrito y remarca que “los testimonios en los que se basó la condena son contradictorios, cambiantes y contrarios a la lógica”.
Camaño señala que la psicología del testimonio se utiliza en el ámbito judicial para evaluar la credibilidad de quienes declaran, teniendo en cuenta factores como la memoria, la percepción de los hechos, la influencia del paso del tiempo y las posibles presiones externas. “No toda declaración puede ser tenida por cierta sin antes analizarla bajo las reglas de la experiencia y los conocimientos científicos”, argumenta.
En ese sentido, el recurso cuestiona que los jueces hayan otorgado plena validez a dichos que presentaban inconsistencias y que, de acuerdo con la psicología del testimonio, “carecen de la coherencia interna y externa necesarias para constituir prueba suficiente de cargo”.
La presentación cuenta con la voz de dos referentes internacionales en materia de psicología del testimonio y condenas erróneas: la investigadora Deah Quinlivan y el abogado y activista Jeffrey Deskovic. Ambos coincidieron en advertir graves falencias en el modo en que se validó la declaración de la única testigo directa del caso.
Quinlivan, especialista en memoria de testigos presenciales, destacó que en este expediente se vulneraron casi todas las pautas establecidas por la ciencia para resguardar la fiabilidad de una identificación. “No se llevó a cabo un procedimiento formal de reconocimiento para evaluar la validez del proceso de identificación. En su lugar, la testigo vio un reportaje en los medios de comunicación casi diez años después del incidente, y fue a partir de este video que identificó por primera vez a Alan Schlenker”, advirtió.
La experta subrayó que este tipo de prácticas han sido catalogadas como de muy alto riesgo de error en múltiples estudios internacionales: “Una identificación realizada en estas circunstancias carece de fiabilidad y no debe considerarse admisible, dados los importantes avances en la ciencia de los testigos presenciales en los últimos 40 años”.
En la misma línea, Jeffrey Deskovic, quien estuvo 16 años preso por una condena injusta hasta que el ADN probó su inocencia, remarcó que el caso de Schlenker presenta “señales de alarma” muy similares a las de procesos que terminaron en exoneraciones posteriores. “La testigo se encontraba bajo un estrés considerable, solo vio al agresor unos segundos y en condiciones de escasa iluminación. El hecho de que no identificara a nadie hasta diez años después, cuando lo vio en televisión, convierte esta evidencia en sumamente poco confiable”, alertó.
“La condena está casi terminada”
L.N.
Desde prisión, Alan Schlenker insistió en que su lucha excede lo personal: “Esto es por la verdad, por la justicia, por mi buen nombre, porque la condena está casi terminada”. Y explicó: “En algún momento la Comisión Interamericana tendrá que resolver por el caso de Acro y por esa condena terrible que ni siquiera me describieron qué fue lo que hice, a quién supuestamente instigué, cuándo, cómo, qué ofrecí”.
A pesar del escenario adverso, el exjefe de la barra de River asegura que seguirá peleando: “Yo siempre me defiendo con las pruebas en la mano, con la causa en la mano, con los audios de la mujer esta que fue la única prueba de condena… Demostrando descaradamente toda la mafia y toda la operación que hubo por detrás y toda la energía que han puesto mis enemigos en armar esa causa y llevarme detenido el día que declaraban lo de Acro”.