(Pablo Roma Gremiales) – En una decisión que cayó como un balde de agua fría sobre el sindicalismo combativo, la Unión Tranviarios Automotor (UTA), comandada por Roberto Fernández, resolvió no adherir al paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) para el próximo 10 de abril. El anuncio no solo descolocó a la cúpula cegetista sino que, en los hechos, pone en serio riesgo el impacto real de la medida de fuerza que busca frenar el ajuste del gobierno de Javier Milei.
Desde la CGT no ocultan su bronca. A puertas cerradas, varios dirigentes hablan de una “traición planificada”, sospechando que el líder de los colectiveros habría sellado un acuerdo subterráneo con el Ejecutivo para desactivar el paro. Las versiones que circulan en los pasillos de Azopardo apuntan a que el Gobierno le habría prometido mejoras paritarias a la UTA, a cambio de desmovilizar a uno de los sectores más estratégicos del transporte.
“El paro sin colectivos es como un paro sin gente”, se lamentan en el círculo cercano a Pablo Moyano, uno de los principales impulsores de la jornada de protesta. Es que sin el acompañamiento de los choferes, muchos trabajadores simplemente no podrán llegar a sus puestos o a las concentraciones previstas. La medida pierde fuerza, y con ella, parte del músculo político que la CGT buscaba exhibir frente al avance del plan económico oficial.
La actitud de la UTA no solo deja a sus colegas sindicales en una posición incómoda. También despierta críticas entre sus propios afiliados, que ven con recelo cómo su dirigencia se alinea con un gobierno que avanza en recortes, despidos y reformas regresivas. “Mientras todos peleamos por los derechos de los laburantes, Fernández elige mirar para otro lado”, deslizó un delegado que pidió reserva de identidad.
En momentos en que la unidad del movimiento obrero es clave para frenar el ajuste, la decisión de la UTA aparece como funcional al oficialismo y ajena al espíritu de lucha que recorre a la mayoría de los gremios. Por eso, en los próximos días, no se descarta que otros sectores redoblen la presión para aislar políticamente a Fernández y reencauzar el rumbo colectivo de la protesta.
Una vez más, el gremio que debería garantizar la movilidad de los trabajadores se convierte en el factor que debilita la resistencia. Una paradoja que no pasa desapercibida y que ya genera pases de factura entre los protagonistas de la escena sindical.